
-Descansa en paz, Dee Dee Reeves-suplicó el sicario.
-¿Asesina sin entrañas!-vociferó Spunk.
-¿Ah, sí? Vamos a ser sinceros, Clot-propuso el esbirro-. ¿Usted qué prefiere?¿Que yo le ponga de rodillas y le dé un tiro en la nuca, en un callejón cerca del muelle, junto a los cubos de basura?¿O que se encargara Dee Dee y se tomara la molestia de hacerle pasar un momento inolvidable?
¿cuál puede ser la forma más ética de matar? ¿hay moral en un asesinato? Estas preguntas han sido planteadas en la novela a través de los actos de la mercenaria Dee Dee Reeves.
Esta forma tan peculiar de matar dejando una “sonrisa” me recuerda a un personaje de televisión del cuál no me acuerdo el nombre que practicaba el sexo con sus víctimas. Pero en ambos casos se me plantea la pregunta de si, ¿lo hacían por sus víctimas o era mas bien por el disfrute de ellas?